Lo que el dinero no puede comprar


IMG_7027

Si sólo nos motivamos por dinero, cuando éste desaparece, la tarea deja de interesarnos, y así lo demostró hace ya varias décadas el psicólogo Deci en un estudio sobre motivación intrínseca. Todos los seres humanos tenemos dos tipos de motivación: la motivación extrínseca (dinero, prestigio, reconocimiento) y la motivación intrínseca (aprendizaje, reto, diversión).  La idea tan extendida entre los economistas y los jefes (que no líderes) de las empresas hasta hace unos años de que siempre respondemos de forma racional a los incentivos extrínsecos, en la actualidad esta dejando de funcionar. Hoy en día hacemos cosas tan raras e irracionales como abandonar un trabajo con un buen salario para acudir a otro peor pagado pero que nos da un mayor sentido a nuestras vidas y mayor satisfacción personal.

Sostiene Bruno Frey, economista de la Universidad de Zúrich, que hemos de superar la idea del Homo oeconomicus (el “hombre económico” que se centra en maximizar la riqueza) e ir hacia lo que él llama Homo oeconomicus maturus (u “hombre económico maduro”) que está dotado de una estructura de motivaciones más refinada, en la que “la motivación intrínseca tiene gran importancia para todas las actividades económicas. Es inconcebible que la gente esté motivada únicamente, o ni siquiera principalmente, por incentivos externos” como puede ser el salario o el reconocimiento.

Un error muy extendido en el mundo actual en todas las facetas de nuestra vida, es creer que se puede suplir con dinero aquello que no hemos podido llenar con creatividad, dedicación y tiempo. Un buen salario es fundamental para la atracción del talento, pero para retenerlo dentro de la empresa el dinero pasa a un segundo plano y aparece la satisfacción laboral (salario emocional). En la medida en que creemos espacios felices de trabajo, estaremos posibilitando la retención del talento en nuestra organización, llevándola a la excelencia.