A la puerta del colegio (primera parte)


Una amiga de La Caja Azul nos contó hace poco la siguiente historia. Ocurrió un día laborable cualquiera, en la entrada de un colegio de educación primaria. Allí había una fila de coches de padres y madres, como cada día, que van a dejar a sus hijos e hijas. Ese día nuestra amiga oyó el llanto de un niño, de unos 6 ó 7 años. Lloraba al lado de un coche aparcado en doble fila y llamaba a su madre. El niño aporreaba la ventanilla de ese coche; dentro estaba su madre, haciendo gestos de verdadero enfado. La respuesta de la madre fue la de arrancar el coche y alejarse lentamente. La respuesta de su hijo no se hizo esperar: echó a correr por la acera detrás del coche.

Este suceso nos hace reflexionar.prejuicios2 Por supuesto, nuestra amiga pensó lo que casi todos habríamos pensado en ese momento: ¡madre mía, pero qué está haciendo! Lo que nosotros le preguntamos a nuestra amiga es si sabía lo que había sucedido para generar esa reacción de la madre. Ella observó un comportamiento, pero los comportamientos no definen nunca el verdadero ser de las personas que los realizan. El ser de una persona es mucho más que aquello que deja ver con sus actos o que deja escuchar con sus palabras.

Nuestros pensamientos están construidos a partir de nuestras creencias y valores, nuestra educación. No todo el mundo piensa de la misma manera, y mucho menos actúa igual. Seguramente todos afirmaríamos que en un momento de templanza no actuaríamos de esa forma, pero quién está dispuesto a afirmar que en un momento de enfado no haría eso. No nos atrevemos a poner la mano en el fuego ni siquiera por nosotros mismos. Estamos seguros de que en multitud de ocasiones hemos tomado decisiones rápidas llevados por nuestras emociones, decisiones que quizás no habríamos tomado pensadas en frío. En este caso la madre tomó una decisión emocional empujada por el enfado. Puede que se hubiera arrepentido; de hecho debió hacerlo, porque unos metros más adelante paró su coche.

Lo único que queremos ejemplificar con esta historia es que en multitud de ocasiones juzgamos bajo nuestro prisma (o mapa) los actos de otras personas, sin entender las causas de sus comportamientos. Si fuéramos más empáticos nuestras relaciones con otros, y con nosotros mismos, mejorarían notablemente.