Diablillo o angelito en el hombro del emprendedor


Hace unos días tuvimos la oportunidad de exponer ante un grupo de emprendedores nuestra experiencia a la hora de poner en marcha una empresa. En los espacios de encuentro y jornadas sobre emprendimiento se suele hacer referencia a los pasos que se siguen para crear una empresa, al plan de negocio. Se presentan algunos organismos públicos y privados que pueden ayudar a elaborar dicho plan y realizar los trámites necesarios. Nosotros, además de contarles de primera mano lo que hicimos en nuestra empresa, también compartimos con todos una reflexión. Y es que como empresa dedicada al coaching no podíamos dejar pasar la gestión emocional a la hora de emprender.

Las emociones y los emprendedores van de la mano en todo momento. Hay mañanas en las que te sientes solo, con miedo; hay días en que te sientes lleno de alegría y energía. Nosotros les preguntábamos si hacían caso a sus emociones, si las escuchaban. La primera competencia de una persona inteligente emocionalmente es la autoconciencia. Emprender es decirle adiós a la zona de confort actual, es ampliarla dando pasos hacia un espacio que aún está a oscuras y que vamos iluminando con los aprendizajes diarios. Ampliar esa zona provoca emociones y nuestro cerebro a veces se alía con nosotros… pero en otros momentos se convierte en el mayor enemigo de nuestro sueño.

Para luchar contra el diablillo que se nos sienta en el hombro tenemos que escuchar lo que nos decimos a nosotros mismos. La autoconciencia es eso, detectar y ponerle nombre a las emociones que estamos sintiendo en el proceso de emprender. Solo hay 6, no es tan difícil. ¿Sentimos miedo, tristeza, enfado, alegría, asco o sorpresa? Y cómo saberlo, muy sencillo, parecerá imposible pero sentimos las emociones en nuestro cuerpo. Recordemos una situación con fuerte carga emocional y recordemos lo que sentíamos y dónde. Utilicemos las emociones para lo que son, impulsos para actuar, respuestas ante acontecimientos internos o externos. En el caso de la constitución de una empresa pueden ser unas grandes aliadas pero a la vez unas grandes enemigas.

Detectar las emociones, saber convivir con ellas, llevarnos al diablillo a nuestro terreno para aprovechar la energía que nos dan y no permitir que nos la robe. Una vez detectada la emoción que sentimos debemos saber qué nos está diciendo, cuál es la verdadera causa. Será así como conseguiremos que se conviertan en nuestras aliadas en el día a día de nuestra empresa.