Necesitamos cambiar


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Existen al menos dos motivos por los que la gente no se plantea el cambio. Por un lado están aquellos que son felices con su situación actual, y que por lo tanto no encuentran ninguna necesidad de cambio. Pero también está la gente que, siendo infeliz, se conforma con lo que tiene o considera que es imposible alcanzar algo mejor.

Es evidente que si no soy feliz debo cambiar algo en mi vida. ¿Pero cómo? No olvidemos que el primer paso es darme cuenta de que no soy feliz. Es habitual en el mundo moderno dejarse llevar por la vorágine del trabajo, la dedicación a los hijos, el tiempo malgastado viendo la televisión y en los atascos de tráfico, los juegos malabares para llegar a fin de mes, etc. Cuando no buscamos ni cinco minutos para nosotros mismos, para no hacer nada, para apagar el WhatsApp, para tomarnos un té, para pasear sin rumbo por la ciudad, sin ir corriendo al siguiente compromiso, es imposible darnos cuenta de cómo nos sentimos. No nos escuchamos. Así pues, empieza por reservar para ti un mínimo de una hora a la semana, sin planes, sin compromisos. Durante ese tiempo escucha tu cuerpo, esa espalda que maltratamos, ese estómago que recibe alimentos a la carrera, esos pies encerrados la mayor parte del día. Aprovecha esos momentos de desconexión para volver a soñar. ¿Recuerdas tus sueños? ¿No los encuentras? No pasa nada si no vuelven a tu memoria, siempre hay tiempo para inventar nuevos sueños. Piensa qué quieres para ti, y no nos referimos a un coche nuevo o a ropa de marca. Puede que desees sentirte más a gusto en el trabajo, decirle a tu jefe que mereces un ascenso, perder un par de kilos que ganaste durante las fiestas, pasar más tiempo con tus hijos, aprender submarinismo, viajar a Japón, hacer fotos a las estrellas o componer una canción.

El primer objetivo ha sido sencillo. Pasar una hora a la semana sin hacer nada, salvo escuchar a tu cuerpo y apuntar aquellos elementos de tu vida que quieres mejorar o cambiar. Ahora llega la parte más difícil, es lo que tiene la falta de práctica. Es el momento de ir quitando de la cabeza los “yo no puedo”, “no tengo tiempo para nada”, “pobre de mí” y demás frases limitantes. Es el momento de decirnos “si yo no me cuido nadie lo va a hacer por mí”, “¿quién dice que no puedo cambiar?”, “los demás podrán opinar lo que quieran, pero lo qué hago con mi vida lo decido yo”.

También la gente feliz necesita cambiar, o lo hace de forma inconsciente. Si algo no cambia se estanca, poco a poco va perdiendo su brillo. No cambiar significa no crecer, y en La Caja Azul pensamos que la vida es un crecimiento constante. ¿Te imaginas hacer todos los días de tu vida lo mismo? Nosotros no. Es verdad que la gente feliz parte de una situación inmejorable para seguir creciendo. Es incluso posible que aparezcan rachas de menos felicidad, suelen ser inevitables, quizás incluso necesarias. ¿Se puede crecer siendo siempre felices, sin ningún tipo de adversidad? Para mejorar en un deporte hay que entrenar, para cocinar platos nuevos hay veces que se nos quemarán, para educar a nuestros hijos no siempre acertaremos. Si siempre acertamos es porque no nos arriesgamos a hacer cosas nuevas. Si nunca cometemos errores es porque no nos arriesgamos a hacer mejor las cosas.