A la puerta del colegio (segunda parte) o de cómo funciona el enfado


Hace unas semanas os contábamos el episodio del que había sido testigo una amiga de La Caja Azul. Esta historia nos permitía reflexionar sobre cómo nuestro comportamiento se construye a partir de pensamientos, creencias y valores; de nuestra educación. Hoy queríamos utilizar la misma historia para reflexionar sobre cómo gestionamos nuestras emociones en el día a día. Si recordamos, la historia estaba protagonizada por una madre y su hijo a la puerta de un colegio de primaria. El niño lloraba fuera de un coche. Dentro, su madre hacía gestos de enfado. Ella tomó la decisión de arrancar, el niño echó a correr detrás del coche. Unos metros más allá la madre se arrepintió y paró.

Estamos más que enfadoseguros de que si nos ponemos a pensar seguramente hemos tenido sentimientos muy parecidos al de esa madre. Puede que nuestra reacción haya sido diferente, pero nos hemos enfadado seguro. El enfado es una emoción básica. Todas las personas, de todo el mundo y todas las culturas, lo sienten. Esta emoción nos avisa de que estamos perdiendo libertad. Esto quiere decir que sentimos que algún proyecto personal, algo que queremos hacer o decidir, se nos impide por otra persona, situación, etc.

Pensando en esa madre nos podemos imaginar un día de trabajo, un día importante donde tenía que llegar a su puesto un poquito antes de la hora por una actividad o visita importante, o simplemente mucho trabajo; ese día su hijo estaba remolón y había que estar tras él por casa para que se preparara para salir a clase. Y ya en el coche, una vez en el colegio pasa algo que encima enfada más a su madre y riñe al niño. Al final el enfado le hace arrancar el coche y su hijo echa a correr. La víctima del enfado de la madre es su propio hijo. Seguro que no quería hacerle daño, pero dejó que fuera ese enfado el que tomara la decisión. Al final, no solamente es el hijo víctima, la madre también lo es por el sentimiento de culpabilidad que le genera haber tomado esa decisión de arrancar el coche.

El enfado es una emoción que genera mucha energía, y si recordamos bien la energía no se destruye, así que permanecerá en nosotros hasta que la canalicemos. Ahí está la decisión. ¿Cómo canalizar esa energía? Si nuestra decisión está dominada por el enfado y nuestra respuesta es emocional, es posible que paguemos ese enfado con otras personas o contra nosotros mismos. El enfado siempre genera víctimas si dejamos que sea él quien tome las decisiones. Si utilizamos la energía del enfado para solucionar el problema, para pedir perdón o perdonar asertivamente, es muy probable que nos encontremos mucho mejor. No habrá víctimas. Y si además aprovechamos esa energía para limpiar los cristales, los dejaremos brillantes.