¿Qué es realmente el coaching?


calvin-and-hobbesTodavía no había amanecido en Gijón cuando dos vecinos vieron algo inesperado en la playa de San Lorenzo. Era un carromato tirado por dos caballos, uno blanco como la nieve, el otro gris ceniza. En lugar de ir al bar a tomar su café matinal y leer la prensa del día, nuestros vecinos se quedaron observando lo que les pareció un curioso ritual. Mientras el hombre ataba los caballos a una farola la mujer iba montando lo que parecía una pequeña tarima. Más gente se acercó hasta que el hombre, con un traje atemporal, sombrero de copa y bastón, sacó de un baúl frascos de todos los colores y comenzó a hablar.

—¡Damas y caballeros de la bella ciudad de Gijón! Se acabaron sus penas y sufrimientos, sus lamentos y anhelos —gritó musicalmente el hombre de otra época. Y dirigiéndose a un señor calvo de la primera fila, añadió—: Queridas y queridos, tenemos el mejor crecepelo recién traído de San Francisco. Aquí, en Gijón. Y tenemos productos milenarios provenientes de la India, del místico Japón y de tribus misteriosas. Brebajes que permiten triunfar en el trabajo y en el amor, pociones que rejuvenecen el deseo y ungüentos que evaporan las arrugas. Damas y caballeros, están ustedes de suerte…

El señor calvo de la primera fila pareció despertar de repente, sin necesidad de ese café con leche. Y lo mismo le ocurrió al resto de la audiencia, casi todos iluminados por la novedad que tenían ante ellos. Sin el menor esfuerzo y por unos pocos euros iban a resolver sus problemas. La imaginación (y la ilusión) hicieron el resto. La gente ya se veía con más pelo, con el trabajo siempre soñado o conquistando a la persona deseada.

Esta escena, es evidente, corresponde a otra época. Pero no nos llevemos a engaño; puede que estemos en el siglo XXI, pero el trasfondo no ha cambiado. Gente que se aprovecha de los deseos de otras personas para hacer negocio, vendiendo productos placebo sin las propiedades pregonadas. Aquí no pretendemos denunciar estas actividades, sino mostrar un patrón común a cualquier ser humano. Nos encantaría tener, para cualquier problema que afecte nuestro día a día, una poción, o una pastilla, que lo arregle por nosotros. Sin sufrimiento y sin esfuerzo. La realidad es bien diferente y los cambios suelen requerir un esfuerzo por nuestra parte. Así, si queremos ver cambios en las sesiones de coaching deberemos esforzarnos, porque el coach no tiene ni pastillas ni pociones ni recetas mágicas. Pero no nos adelantemos y veamos primero qué no es el coaching:

  1. Un coach no te va a motivar ni animar. No esperes frases del tipo “tú puedes hacerlo”.
  2. Un coach no te va a decir lo que tienes que hacer, ni siquiera te lo va a sugerir. Y no, tampoco en forma de acertijos, como si el coach fuera un oráculo.
  3. Un coach no te va a juzgar. Tus problemas son tuyos y te afectan. Puede que tengas miedo a conducir en la ciudad y amigos tuyos piensen que eres un exagerado. El coach no juzgará tu miedo. Lo tienes y punto.
  4. Las sesiones de coaching no son exámenes. El coach no tiene respuesta a las preguntas que te formula, sólo tú las tienes.

¿Qué nos queda después de haber quitado de la mesa aquello que no corresponde al coaching?

  1. Un coach te va a escuchar plenamente. Es decir, va a permitir que expongas tus problemas u objetivo con tus palabras y a tu ritmo. Y escuchará atentamente todo lo que le digas.
  2. Un coach sólo te pedirá una cosa. Compromiso. Porque sólo cuando hay compromiso (con el correspondiente esfuerzo) se puede alcanzar el objetivo marcado.
  3. Un coach te ofrece absoluta confidencialidad. Porque tus asuntos sólo son de tu incumbencia, y porque sólo en la absoluta confidencialidad puedes ser libre de hablar. Además, recordemos que un coach no te va a juzgar.
  4. Un coach te va a ayudar a conocerte mejor por medio de preguntas. La idea es que busques la respuesta en tu interior y poco a poco vayas iluminando partes de tu “caja azul” hasta ahora en penumbra. Para que las preguntas funcionen son necesarios la escucha plena del coach y el compromiso del coachee.
  5. Un coach te va a ayudar a conocerte mejor por medio de herramientas. Según cada persona y cada objetivo, el coach irá viendo qué herramientas o deberes puede proponer. Un sencillo ejemplo de deberes sería “apunta lo que sientes cuando vas en coche por la ciudad. Apunta cuáles te parecen los peores momentos y cuáles son más llevaderos”.
  6. Un coach te va a ayudar a trazar un plan de acción para llegar a tu objetivo una vez que te conozcas mejor.

Mucha gente nos pregunta si esto del coaching funciona. Les parece extraño que sólo con preguntas se arreglen los problemas. Está claro que las emociones humanas, los problemas que nos afectan en el trabajo, vida personal o deporte, los objetivos que deseamos alcanzar pero que siempre están dos baldas más arriba, no son una ciencia exacta. Hoy en día podemos predecir dónde estará la Luna dentro de 300 años, pero no podemos predecir qué hará cualquiera de nosotros dentro de media hora, o cómo reaccionaremos mañana al café que nos ha servido frío el camarero.

Para que el coaching funcione han de darse las premisas que hemos recogido en esta entrada. Pero aún con dichas premisas cumplidas el coaching no sirve para todo. El coaching ni hace milagros ni resuelve temas psicológicos. Si alguien tiene un trauma, o una depresión, o algún tipo de problema/patología que requiera de terapia, el coach redirigirá/derivará a estas personas a los profesionales correspondientes. No tiene sentido tomar sopa con tenedor.

El coaching es una herramienta humana dirigida a ayudar a la gente a alcanzar sus objetivos vitales, ya sea dentro de la empresa, en el plano personal o en el deporte. Estos objetivos han de ser alcanzables y medibles. Por mucho que yo quiera correr los 100 metros en 5 segundos, no puedo. En el fondo, el coaching es una herramienta que nos permite conocernos mejor, nuestras virtudes y nuestros defectos. Sólo cuando nuestro autoconocimiento haya crecido lo suficiente estaremos preparados para estar más cerca de nuestro objetivo.