Tozudez vs perseverancia


“El modo de dar una vez en el clavo, es dar cien veces en la herradura.” – Miguel de Unamuno

Imagínate que estás en una sesión de coaching o en un taller de La Caja Azul y sacamos de nuestra maleta un ejercicio de esos de autoconocimiento por los que empezamos. Ahí escrito tienes que responder a una pregunta ¿Cómo te defines en una palabra? Uff, que difícil, eso de pensar en uno mismo es muy complicado. Pero bueno, acabas escribiendo o diciendo la palabra mágica: soy “perseverante“.

Aha, ¡qué bien! eso es bueno. Vale, ¿cómo me demuestras que lo eres? Vaya, quién te habrá mandado responder eso, ahora hay que dar otra respuesta. Tras mucho pensar me das un ejemplo. Que pasa, que muchas veces disfrazamos la tozudez con la perseverancia. Y de eso queremos escribir hoy. Algo que puede ser un aliado, uno de los ingredientes que, junto a la motivación, necesitamos para iniciar un largo recorrido hacia nuestro objetivo; puede estar camuflando un enemigo que nos va a suponer más problemas que apoyos.

Ser perseverante es importante si ya  hemos diseñado un plan de trabajo, si tenemos claro el objetivo realista a conseguir. Cuando planificamos siempre tenemos en cuenta posibles desviaciones, y es algo que también estaría bien previéramos cuando diseñamos proyectos perperseveranciasonales. Ser persistente significa que lo eres tanto en ideas como en actitudes, en propósitos y en ánimo. Significa que tienes la capacidad de continuar por muchas piedras que encuentres en tu camino pero que estás atento a tu entorno, al feedback que te ofrece sobre las acciones que estás emprendiendo, con capacidad de adaptarte y sobre todo de ser paciente. Ten en cuenta que un perseverante corrige su trayectoria sin perder de vista su propósito; admite cuando ha fracasado, se vuelve a levantar, analiza lo que ha pasado y toma las medidas correctoras oportunas para no tropezar dos veces en la misma piedra. Entiende los contratiempos desde un enfoque positivo, desde el análisis y la corrección de su plan.

Qué le pasa al tozudo, que es don erre que erre, pone la directa y le da igual los inputs externos, el tozudo tira millas. El tozudo tropieza y vuelve a tropezar en la misma piedra porque no analiza, no corrige su saber-hacer, porque el tozudo es como es, y es así.

El perseverante cuenta con una buena autoestima, es capaz de escuchar lo que le dicen y analizar si lo aportado por terceras personas puede ser de ayuda para su proyecto, lo traduce a su “mapa” y lo mete en su mochila de viaje para utilizarlo cuando sea necesario, pero no se deja llevar por la primera recomendación que le llegue, es él quien toma las decisiones, es el líder de su proyecto. El tozudo no, hace caso omiso de personas que han vivido experiencias similares, rechaza toda recomendación, porque el tozudo siempre tiene la razón.

Así que ahora te pido, que si perseverante es una de las respuestas que das cuando te preguntamos ¿cómo te defines? hagas la reflexión y sepas valorar si lo que has conseguido ha sido parte de pequeños pasitos constantes, de una acción regular; si eres capaz de introducir las correcciones y si persigues ese objetivo, ese sueño realizable. Ten en cuenta que los objetivos implican acciones diarias, ser paciente y tener la vista en el largo plazo. Ahí es donde está nuestro tesoro. Y sin la perseverancia y las pequeñas acciones diarias no llegarás al resultado deseado.

Poco a poco, un día llegarás, y te dirán que has tenido mucha suerte. Recuerda, suerte es que te toque la lotería, conseguir lo que has luchado con esfuerzo es mérito tuyo. Felicidades.

Recuerda que en La Caja Azul te ayudamos a conseguir ese tesoro y te queremos acompañar en el viaje. Ponte en contacto con nosotros aquí.

“De derrota en derrota hasta la victoria final.” – Winston Churchill