Buscando a mi concentración desesperadamente


¿Alguna vez has ido conduciendo y has puesto el piloto automático? De repente te das cuenta que no sabes por qué has cogido un camino cuando querías ir a otra parte, vuelve a ti la atención. Las causas pueden ser múltiples: evidentemente cuando conducimos y ya tenemos unas cuantas horas de vuelo hemos llegado a la última fase del aprendizaje, estamos en la competencia inconsciente. Cuando tenemos interiorizada una habilidad la ejecutamos sin pensarlo y puede ser hasta divertido; sin embargo dependiendo de lo que estemos haciendo es necesario poner todos nuestros sentidos.

Y es sobre eso sobre lo que quería escribir hoy, sobre nuestra atención. Trabajar con el piloto automático reduce nuestra productividad ya que perdemos la capacidad de atención requiriendo más tiempo del necesario en las tareas, e incluso nos impide actuar ante posibles estímulos externos causando incluso accidentes.

La atención es un proceso cognitivo que permite la concentración, el aquí y ahora, eliminando distracciones y facilitando que seamos realmente productivos. En esa atención influyen tanto estímulos externos como internos. A veces nos encontramos pensando en lo que nos pasó el día antes, el problema que hemos dejado en casa, anticipando la conversación futura que queremos afrontar y no le estamos poniendo todos los sentidos a lo que hacemos.

Aquí tienes un ejemplo divertido. ¿juegas?

¿Tú te habías dado cuenta de los cambios? yo no la verdad, estaba atendiendo a aquello que me parecía importante para descubrir a la persona que había cometido el delito (además de leer los subtítulos, lo admito).

En nuestro día a día hay tanto que atender, tanto por hacer y pensar que intercalamos tareas sin sentido, sin planificación. Esta multitarea nos agota, y como un videojuego se nos va descargando la barra de energía acabando la jornada agotados y con la sensación de no haber hecho nada (que levante la mano a quien no le haya pasado nunca). Ese cansancio nos está impidiendo de disfrutar de aquello que nos espera después de la jornada laboral y que nos recarga la barra de energía. Al final estamos cambiando el orden por la improvisación y la calidad por la cantidad. Y todo ello, sin ningún sentido.

Y ¿qué hacer? pues como siempre. Proponérselo y trabajar en ello.

  1. Organiza bien tus tareas. Gestiona tu tiempo. Hazlo diferenciando lo importante de lo urgente, lo necesario de lo imprescindible y prioriza. Luego, solo te queda cumplir.
  2. Halo de manera realista. No llenes tu agenda de tareas que sean totalmente imposible de cumplir. El día tiene 24 horas y estaría bien que durmieras un poco.
  3. Escucha tu lenguaje interno de forma consciente. No te permitas ser tu propio ladrón de tiempo. Dedica un tiempo a pensar en aquello que te preocupa y organizar tu plan de acción para afrontarlo. Preocupación por preocupación no enredes tu madeja interna. Escríbelo y dedica a cada cosa un rato.
  4. Aprende a decir no. Una vez más la asertividad te ayudará al aquí y ahora. Evita los ladrones de tiempo externos.

Con ello podemos conseguir:

  1. Reducir estrés.
  2. Aumentar nuestra claridad de pensamiento.
  3. Gestionar adecuadamente nuestra energía.
  4. Aprovechar mejor el tiempo dedicando a cada tarea lo justo y necesario.
  5. Aumentar nuestra productividad.
  6. Reducir accidentes.
  7. Y vivir con mayor tranquilidad.

Yo creo que merece la pena. ¿No?. Yo ya me he puesto en marcha y he iniciado mi entrenamiento personal ¿Necesitas un entrenador personal?