El Bebé de Bescansa da mucho de que hablar.


“Mediante el trabajo ha sido como la mujer ha podido franquear la distancia que la separaba del hombre. El trabajo es lo único que puede garantizarle una libertad concreta.”

SIMONE DE BEAVOUIR

Hoy forma parte de noticias a nivel internacional. Tanto hoy como ayer está en tertulias, redes sociales, prensa. El Bebé de Carolina Bescansa es famoso (más que los de Gran Hermano), aunque si no recuerdo mal he oído que se llama Diego, el niño tiene nombre no se lo quitemos. No es mi papel dar opinión, los coaches en nuestra labor no las damos, no es nuestra función (me la quedo para mi casa y cafés con amistades). Sin embargo he querido traer este tema aquí porque en mi cabeza hay muchas cuestiones que sí que me gustaría compartir y estaré encantada de recibir vuestras impresiones, comentarios y propuestas de mejora.

Y es que este tema da para mucho, muchísimo. Da para hablar de conciliación y de mucho más. Espero ser capaz de poner en orden todas estas ideas.

Lo primero que me surge es la visibilización de un problema, ella no ha sido la primera y espero que sea la última en llevar a su bebé a una sesión parlamentaria ya que significaría que gestos simbólicos ya no son necesarios. Que se esté hablando de este tema y que suscite tantas opiniones quiere decir que es una cuestión por cerrar. La igualdad efectiva entre hombres y mujeres no se ha conseguido. Visibilizar hace que se ponga en la agenda política la discusión, lo que no se ve no existe. Si en tu vida no pones nombre a tu situación, a tu problemática o preocupación no existe y si no existe no se puede solucionar.

Pero también es cierto que en esta foto puede etiquetarse como postureo o demagogia (de hecho algunos tertulianos y tertulianas, representantes de la ciudadanía en la cámara lo han hecho), que utilizar la imagen de Diego para fines políticos es algo reprochable. Hay leyes que salvaguardan el anonimato de los menores y el uso de su imagen; así hemos visto  su carita pixelada en las noticias. En este caso el uso de menores para fines instrumentales me lleva a la reflexión de si el fin justifica los medios. Cuestión de valores, y los valores son algo muy personal. La lucha a veces puede requerir que ese fin tenga que justificarlos, o no. Como todo en mi vida, depende.

Como mujer y como madre la conciliación es algo que me preocupa, como ciudadana los derechos laborales y sociales, la igualdad forman parte de mis “luchas”. Admito que en mi vida profesional  he sido una persona afortunada ya que las decisiones que tanto mi familia como yo tomamos eran acordes con lo “laboralmente establecido”. Durante los tres primeros años de vida de mi hija trabajé en la administración pública y mis derechos no se cuestionaban, estaban recogidos en el convenio colectivo e iban mucho más allá de lo establecido en el estatuto del empleado público y no digamos más allá que los convenios de las empresas privadas y el estatuto de los trabajadores. En teoría, y lo digo bien alto, en teoría, los instrumentos de conciliación de la vida personal, familiar y laboral son derechos recogidos en ambos estatutos. Y como todos y todas sabemos, el papel lo aguanta todo, otra cosa es la realidad. Porque aquí entra en juego el currículum oculto.

  1. Madres que reducen jornada para llegar deprisa y corriendo a recoger a sus retoños pero no ven reducidas sus funciones y tareas. Por lo que acaban haciendo lo mismo en menos tiempo y por menos sueldo.
  2. Padres que no se atreven a pedir el descanso de paternidad, lactancia (porque ellos también lo pueden solicitar ya que la lactancia no es solo la materna también lo es el bibe). Otra cosa es el tipo que crianza que la madre quiera darle a sus hijos/as, ese es otro tema.
  3. Jefes y jefas que critican que un padre solicite ese permiso.
  4. Poco teletrabajo, se sigue premiando el presentismo en la empresa. Y luego se dice que si tienes a tu hijo cerca baja tu productividad. Que estés en tu puesto sin hacer nada, o jugando al Candy (como alguna otra diputada hizo y se le pilló, alguno más habrá y no se ve) es ser productivo.
  5. Mínima flexibilidad de horarios, vacaciones, permisos para acompañamiento a médicos. Eso tampoco ayuda mucho a la productividad porque tienes la cabeza en otra parte.
  6. Pocos recursos y los que hay caros para poder llevar a tus hijos e hijas en horario laboral. Horarios de esos recursos incompatibles con las jornadas. Cierres de recursos públicos en verano porque hay que dar vacaciones. Padres y madres que si no cerraran ese mes llevarían 365 días al año a sus hijos a la guarde.
  7. Y las creencias. Tanto de las madres como de la sociedad actual. Se sigue pensando que la conciliación y la crianza es cuestión solo de madres, la corresponsabilidad parece que no existe. Madres que si no están en todas partes (en su trabajo a máximo nivel, si no se despiertan por la noche cada vez que les llaman sus hijos, representantes en el AMPA del cole, haciendo el disfraz más bonito de la clase, organizando la mejor fiesta no son buenas madres, haciendo comiditas que cumplen a rajatabla la pirámide nutricional…) ¿y quién ha dicho quien es buena o mala madre? Eso solo nos lleva a culpabilizarnos y sentirnos mal, muy mal. Hasta que no nos liberemos de esa creencia de que hay que ser una supermadre seguiremos sintiendo esa culpabilidad. ¿En qué momento dejamos de perder la identidad de persona para ser solo la madre de…? En el momento en que aparece el nuevo rol en nuestra vida perdemos el derecho a cuidarnos y querernos.

Con todo esto, y seguro que mucho más, me lleva a decir que hay trabajadoras de primera, segunda e incluso de tercera. Algunas son las afortunadas que tienen una cuidadora que las acompaña a su puesto de trabajo para hacerse cargo del niño cuando la necesitan. Pocas, o casi ninguna cuentan con una guardería en su centro de trabajo (o en las cercanías a su puesto de trabajo). Muchas mujeres tenemos que pedir ayuda a los superabuelos y superabuelas que vienen encantados a casa con sus nietos para atender cuestiones laborales, algunas no tienen ni eso. Hay muchas mujeres que ni siquiera pueden insinuar que quieren un rato para atender alguna necesidad de su hijo, o no se atreven ni siquiera a ponerse enfermas. Algunas no se atreven siquiera a convertirse en madres, algunos jefes y jefas continuan prefiriendo contratar a un hombre no vaya a ser que la mujer se quede embarazada.

Y por último, que me estoy alargando más de lo normal; ya he dicho que esto daba para mucho. Las triples jornadas. En cuestión de mujer y participación social ya cosa se complica muchísimo más. Horarios de reuniones imposibles, duración de esas reuniones, toma de decisiones de las organizaciones en espacios informales, modelos de liderazgo y participación masculinizados.

Pero también me apetece reconocer y gritar bien alto que vamos poco a poco, el papel de muchas mujeres en la política, el mundo socioeconómico, la sociedad y organizaciones han servido y siguen sirviendo para mucho. Se han provocado cambios, se han visibilizado problemáticas, no se da un paso atrás ni para coger impulso (como dijo aquella campaña) y eso con la colaboración de muchos hombres que creen y apuestan por la verdadera igualdad. Y este, desde La Caja Azul es mi granito de arena. Si seguimos adelante, si las empresas continúan o empiezan a apostar por el salario emocional, los planes de igualdad iremos por el mismo camino que se hará mucho más sencillo de recorrer. El coaching tiene mucho que aportar en ello.